martes, 17 de abril de 2012

El muro



23x40cm - Técnica mixta sobre papel
2012

lunes, 9 de abril de 2012

A. Einstein

La mente intuitiva es un regalo; la racional, un sirviente. Nuestra sociedad honra al sirviente y ha olvidado el regalo.

miércoles, 4 de abril de 2012

Y tú que lo veas por Elena Vozmediano El retrato áulico

Hace unos días se levantó una gran polvareda mediática a cuento del encargo de un retrato de José Bono para la Galería de Presidentes del Congreso. Se dijo en principio que el pintor Bernardo Torrens cobraría 96.000 euros por el cuadro pero fuentes del Congreso precisaron que serían 82.600 euros: 70.000 más el 18% de IVA. Pues que sepan que están pagando de más, porque el tipo de IVA aplicable a la venta directa de obras de arte -cuando factura directamente el artista- es del 8%. ¿Y han contabilizado la retención del IRPF? En cualquier caso, un dineral, aunque mucho menos de lo que cuesta el retrato que Francisco Álvarez-Cascos encargó en 2009 a Antonio López para la galería de ministros de Fomento y que aún no se ha presentado: 194.000 €.

Resurge, con estos casos, la polémica de los retratos oficiales. Se suele hablar del coste para los contribuyentes y del ego de los políticos pero casi nunca se habla del valor artístico de los cuadros o de la estética imperante en este tipo de obras. Aparte de la galería del Congreso y de la del Senado, son varios los ministerios que mantienen desde hace décadas galerías de titulares. No es una costumbre exclusiva de la Administración estatal: ayuntamientos, diputaciones y comunidades autónomas la cultivan. Entre unos y otros, estamos invirtiendo cantidades muy importantes en colecciones que pueden tener un interés documental y de afirmación institucional pero que no constituyen ningún tesoro artístico. Pasa con el retrato lo mismo que con el arte eclesiástico: los mejores artistas se han desinteresado del género, que ha quedado en manos de un puñado de “pintores de corte” muy conservadores que se están haciendo de oro.

¿Por qué siempre los mismos? Hay, claro está, pintores figurativos con lenguajes más actuales que tienen la habilidad técnica necesaria para responder a esta demanda pero, o bien no parecen adecuados a los comitentes -que seguramente no quieren correr riesgos- o bien no se prestan a realizar tales servicios al poder. Las instituciones no parecen entender que, puesto que están manejando dinero de todos, deberían demostrar una gran responsabilidad y destinar esos fondos a enriquecer el patrimonio artístico público; lo que prima es el deseo de los retratados de verse favorecidos, elegantes y revestidos de “nobleza”. De hecho, son siempre ellos quienes eligen a su pintor. Se amparan en el apartado 'd' del artículo 154 de la Ley de Contratos del Sector Público, que dice que podrá hacerse un encargo directo cuando “por razones técnicas o artísticas o por motivos relacionados con la protección de derechos de exclusiva el contrato sólo pueda encomendarse a un empresario determinado”.

¿Quién podría tomar este tipo de decisiones? Muchas de las instituciones no tienen personas u órganos asesores en materia de arte contemporáneo -deberían- pero otras sí. El Estado, a falta de algo más apropiado, dispone de una Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Bienes del Patrimonio Histórico que tiene, entre sus funciones, la de analizar y emitir propuestas sobre “la adquisición de bienes culturales por parte del Estado que pasan a formar parte de la colección de museos, archivos y bibliotecas estatales”. Puesto que hablamos de colecciones públicas, esta Junta debería ser escuchada.

Si en verdad es necesario dar continuidad a estas galerías de retratos, sería preciso introducir una mayor flexibilidad en los medios empleados. Manuel Marín, antecesor de Bono, ha pedido a la fotógrafa Cristina García Rodero que realice su retrato y ha tenido que esperar a que Bono dejara el cargo para poder hacerlo, pues la anterior Mesa del Congreso se oponía frontalmente a tal ruptura de la tradición. Sumar al patrimonio del Congreso una obra de García Rodero es, sin duda, una buena idea, aunque no haya sobresalido ella precisamente en el retrato sino en el documento antropológico. El precio -26.000 €- es elevado, más de la cuenta, pero menos disparatado que el de los retratos al uso. Y no es Marín el primer efigiado que prefiere la fotografía: el año pasado Juan Ávila, ex-presidente de la Diputación Provincial de Cuenca, se hizo retratar por Ricky Dávila.



Como decía, hay algunos pintores que se están forrando. Pasó el reinado de Ricardo Macarrón y Álvaro Delgado. Ahora se lleva un estilo más “sereno”, más acabado, que se cotiza al alza a pesar de la crisis. Si pensamos que muchos museos españoles apenas pueden hacer adquisiciones por falta de presupuesto, cada euro que va a estos relamidos retratos parece un delito. Aquí les dejo un somero e incompleto repaso de encargos oficiales de los últimos años para que puedan calibrar las dimensiones del fenómeno: tengan en cuenta que existen otras muchas galerías de retratos institucionales que hay que engrosar a cada relevo. Como verán, la estética dominante es un hiperrealismo que emula el retrato fotográfico pero algunos personajes se salen del tiesto y muestran sus predilecciones personales, la mayoría de las veces con resultados cuestionables.

domingo, 25 de marzo de 2012

Es la enseñanza de arte un fraude?

Por: Fietta Jarque | 21 de marzo de 2012

En opinión del artista y profesor de artes plásticas durante 35 años en la universidad estatal de Nueva York, Luis Camnitzer, sí, la enseñanza de arte tal como se imparte en prácticamente todas las universidades es un engaño mayúsculo. Y para eso aporta un razonamiento muy simple que parte de su experiencia. Lo dijo hace un par de semanas en una conferencia titulada La enseñanza de arte como fraude, en la galería Parra & Romero de Madrid, y lo repetirá mañana en Bogotá, en la Universidad Nacional de Colombia. Según el artista conceptual uruguayo, las universidades venden la carrera de artes plásticas como si fuera un medio de producción para ganarse la vida. Eres ingeniero, médico, administrador de empresas o artista. Un diploma acredita que has tenido estudios superiores y se supone que con él podrás estar preparado para subsistir y mantener una familia. Camnitzer afirma que, al menos en Estados Unidos donde la mayor parte de las universidades son privadas, esto llega a ser una "caricatura obscena". La carrera viene a costar unos 200.000 dólares a cada alumno. ¿Qué espera conseguir al terminarla? Hay dos opciones: ser un artista que pueda vender sus obras en el mercado o dedicarse a la enseñanza de arte. "En los 35 años que enseñé en la universidad debo haber tenido unos 5.000 estudiantes", dijo. "De ellos no más de 500 entraron en el circuito de galerías y solo unos 20 han conseguido vivir de la venta de sus obras. Pongamos que los demás se hicieron profesores de arte, quienes a su vez perpetuarán el lucrativo sistema educativo universitario y tendrán unos 240.000 estudianes de los que solo saldrán al final unos 480 artistas". En pocas palabras, el negocio de la enseñanza se nutre a sí mismo, pero el producto que el alumno obtiene de ella es solo ínfimo. "Es una profesión deificada, lo que se enseña son técnicas artesanales. No consigue formalizar la experiencia de lo desconocido, sino acomodarnos al arte como una disciplina, una forma de producción". Para él se trata de "una enseñanza sobre cómo hacer productos y venderlos en lugar de cómo revelar cosas a través del arte".
Camnitzer, autor de libros tan iluminadores y polémicos como Didáctica de la liberación: arte conceptualista latinoamericano y otros textos, participó hace unos días en el seminario internacional Repensar los modernismos latinoamericanos en el Museo Reina Sofía. Pese a su veteranía mantiene una actitud rebelde y señala que lo que prevalece "es un modelo de pedagogía autoritaria que minimiza la posibilidad de reunión con y entre los propios estudiantes", con el objetivo de generar ideas. Parece que "los dividen entre genios e imbéciles, sin posibilidad de hacer un lugar para los creadores normales. El sistema educativo solo está orientado para identificar a los genios, algo que proviene de la época de la Bauhaus. Enseñar a tener ideas requiere más que transmitir información. El buen arte tiene la función de ser subversivo. Lo que se genera en las universidades es un arte-valium".

Cualquiera que lea esto pensará que alguien que ha hecho el juego a este sistema perverso, como un asalariado del sistema que critica, es también un cómplice. Pero Camnitzer ha caracterizado sus clases por una actitud muy acorde con lo que predica. Es una excepción, aunque se le ha permitido. "El arte puede ser utilizado como un territorio de libertad", dijo, "y analizar a través de él los procesos de toma de decisiones". Según él, el arte es el único territorio para realizar o simular acciones ilegales sin el riesgo del castigo. "El arte es un lugar donde se pueden pensar cosas que no se pueden pensar de otra manera". La clave está en la palabra pensar como "una estrategia para administrar evocaciones. Una respuesta de la que debemos deducir cuál fue la pregunta". Y concluye: "en arte es más importante hacer conexiones que crear productos".

martes, 6 de marzo de 2012

sábado, 3 de marzo de 2012

¿Hacia un futuro sin cultura?

Cuando todo es hipermercado, el arte se convierte en un foco de inversión más. Como tal, ha de ser publicitado de la manera más eficaz, tanto desde las propias instituciones como desde las empresas privadas. Asimismo, tal consideración de producto, tiñe a la obra de arte con una pátina de valores excluyentes, o sea, valores explícitos e implícitos de exclusividad.

Ese aspecto cuantitativo de la obra de arte (ese valor comercial), denota en una serie de facetas que constituyen su calidad y que, por tanto, generan interés. El éxito de la obra de arte, tanto si es actual como si no, estará determinado por la confluencia y consenso de una serie de factores, esto es, por una fórmula que, pese a la vanidosa negativa de los expertos en mercadotecnia, siempre suele ser infalible. Así, una gran exposición es tal en tanto que su éxito público está garantizado por esa serie de cocientes.

Arte y cultura

Pero dado los tiempos que corren, sabido y superado ya el recetario del éxito, cabe indagar en el valor neto del resultado, o lo que es lo mismo, cabe pensar qué lugar ocupa ese éxito. Ante la sobreabundancia de eventos relacionados con la palabra arte y con la palabra cultura, el espectador común se siente abrumado. Por su parte, el visitante de museos entiende que ya no se trata de buscar obras de arte, sino de buscar discursos expositivos que, sin ser novedosos, cuenten algo que suscite su interés particular. Hasta ahora y como siempre, el contenido del simulacro, la obra de arte, ha sobrevivido situada en el umbral de la risa o la seriedad.

El egocentrismo de artistas y críticos (y demás secuaces) ha querido que la habitual contemplación de cuadros o esculturas (fundamentalmente en las grandes instituciones) no sea otra cosa que un discurso, una articulación más o menos lógica y más o menos coherente de ideas propias. La asunción, en definitiva, de una idea centrípeta de las artes como una parte más del reloj social, con la cual se hace política y se genera riqueza.

Por su parte, la prensa cultural, especializada en promover el lado más nefasto del espectáculo, ha vulgarizado el arte hasta convertirlo en un dolo indigesto, sostenido por explicaciones grandilocuentes o sucintas, que no hacen otra que cosa que uniformar a muchos lectores que, aún hoy, creen que los cuadros están pintados con ideas o forjados bajo una serie de nobles y elevadísimos absolutos, cuando en realidad, están elaborados a partir de necesidades estrictamente fisiológicas. Quizá la tarea inmediata de todo el entramado del arte y de todos sus sabios, sea declarar que no hay plan oculto.

¿Hacia un futuro sin cultura?

La desconfianza hacia las nuevas tecnologías ha desaparecido y el ejercicio de hiperrealidad ha normalizado el discurso estético, aunque no todas sus posibles connotaciones. Y aunque el arte ya no explica nada, sí sigue implicando a los sentidos, razón por la cual podrá ser exhibido en comedores, letrinas y dormitorios. Todos lugares aptos tanto para la lectura como para la expresión gráfica. Renunciadas las glorificaciones, habrá que estar atentos a todo eso que sucede en expresiones efímeras, desde las más escatológicas y burdas, hasta otras algo menos viscerales.

Los museos han entrado ya en un híbrido que se conoce con el nombre de turismo cultural. La guía turística, desvirtuada suerte de 'el grand tour' que irrumpió con fuerza en los albores de la Edad Contemporánea, acaba presentando los museos como grandes cajas de joyas, una escala más en el tocador. Por contra, muchos equipos de curadores e historiadores del arte sin voz pública ni reconocimiento, trabajan de manera incesante en la otra cara de la moneda. Un Estado moderno ha de garantizar la democratización de la cultura, pero la difusión de contenidos no debería suponer una vulgarización masiva de productos.

Por otro lado, los programas educativos (tanto de enseñanza primaria como secundaria) carecen de competencias sólidas relativas a la educación por medio del arte, formando meros consumidores. No se potencian ni contemplan en los currícula las aptitudes estéticas de los estudiantes, como tampoco se fomenta un estudio coherente sobre ellas.

Consagrada la norma de la seducción, la intimidad terminará por revelarnos con qué sensación nos quedamos. Mientras tanto, seguiremos haciendo literatura barata y esperando, ávidamente, que una mente lúcida suelte una estruendosa carcajada en medio de un museo.

Hoyesarte, diario de arte.

jueves, 1 de marzo de 2012

Nayeli Nesme opinión sobre el artículo: ¿Hacia un futuro sin cultura?

Qué interesante me ha resultado este artículo. La música, la más vulgarizada y mercantilizada de las artes, ha sido pionera al respecto. Tanto que, en México, algunos programas becarios y académicos, hacen una grave separación entre Arte y Música. A mi parecer, la tendencia es mundial. Muchos artistas de generaciones intermedias luchamos día a día con el acertijo de lo que esto significa y sus implicaciones. Muchos tendrán cabida, pero habemos quienes seguimos siendo una resistencia estética y conceptual frente a las corrientes que banalizan la vocación del arte. A propósito y, en contraste, me permito extraer un artículo del compositor sinfónico, naturalista y conservacionista mexicano, Federico Álvarez del Toro, de su columna CONTRACULTURA, del diario chiapaneco, Cuarto Poder.
“Los Sobrevivientes”
“Los sobrevivientes”, comparten una sensibilidad parecida. Es una generación huérfana de Ángeles y Demonios. Los sobrevivientes son callados, les emociona hablar de la década dorada, y los ruboriza, porque vienen de una guerra ideológica que dejó heridos y muertos. Escuchan en la intimidad un arsenal de música, que les ayuda a sobrellevar el mundo material. Leen y siempre encuentran las palabras exactas que necesita su alma para pasar el día. Sus encuentros humanos son intensísimos y profundos. Si tienes por aliado un sobreviviente, es una amistad que durará por siempre. Son buenos para compartir la soledad existencial y para negociar la muerte. Puedes llamarles en las madrugadas para contarles tus penas, la pobreza o las injusticias. También poseen un brillante humor negro y son excelentes para reírse de todo. Saben que la pobreza y la riqueza son relativas. Que todo es una farsa y se burlan de las representaciones teatrales políticas y las apariencias. Los sobrevivientes de la cultura son adolecentes eternos, niños asombrados, guerreros incansables. Por ello es difícil predecir su edad con exactitud. Son jóvenes maduros con almas antiquísimas. Hombres y mujeres a mitad de la vida, a los que no les falta nada, pero sienten que lo han perdido todo, viven en una especie de orfandad cósmica. Casi siempre andan solos, tienen la mirada penetrante, suelen ser interiormente libres e intelectualmente brillantes. Tienen capacidad de análisis agudo. Ven a la sociedad tal como es, viven en ella y a la vez no, como si pertenecieran a otro orden de las cosas. Los sobrevivientes crearon su propio universo moral. Las reglas de las masas no rigen su vida, ni se guían por modas, fechas o costumbres. Transgreden horarios y normas, son impredecibles. Pueden compartir su cena con reyes o indigentes y ser igualmente felices. Los sobrevivientes tienen la sonrisa bonita, son agridulces. Vulnerables para el afecto y tántricos en la intimidad, no tienen prisa para terminar de amar. La vida pasa a su lado y les desliza lágrimas por una piel impermeable, dura y tatuada de cicatrices. Los sobrevivientes que vivieron la contracultura son desadaptados. Disfuncionales en la vida y funcionales en el arte. Los sobrevivientes de la música de la edad de oro aman el café y las conversaciones irreverentes. Viven sin más expectativa que el hoy y por eso, son insustituibles.

lunes, 27 de febrero de 2012

Sverne Fehn

“Prueba a hablarle a una piedra y sentirás una
mística resonancia. Háblale a una cadena de
montañas, resonará como un espejo. Escucha un
bosque cubierto de nieve, y oirás el silencio.”

martes, 14 de febrero de 2012

Las artes en la Comunidad Valenciana (Diario Levante)

ALFONS GARCIA VALENCIA
La situación del arte en la Comunitat Valenciana vuelve a ser objeto de crítica desde fuera. La gestión del IVAM o el nombramiento de una política al frente del Museo San Pío V fueron motivo de textos de desaprobación en 2011 por parte de organizaciones de críticos y artistas. Al poco de abrirse 2012, los últimos cambios en la sala Parpalló han propiciado la "enérgica protesta" del Instituto de Arte Contemporáneo (IAC), que ya se adhirió a algunas de estas denuncias.
La organización en cuestión, compuesta por más de 400 profesionales (entre artistas, galeristas o críticos), expresa ahora su "repulsa" por la "fusión" de la histórica sala con el MuVIM y por la salida de su su directora, Ana de Miguel. Supone una etapa más, dice, en "el desmantelamiento progresivo de las estructuras del arte actual en la C. Valenciana".
El "deterioro", argumenta, "se viene orquestando desde hace una década" y el resultado es el paso de un panorama artístico "de primer orden" a "una situación que no corresponde a una población de más de 5.000 habitantes".
El Instituto de Arte Contemporáneo une el último cambio en la Parpalló a "la programación errática e incoherente del IVAM", la desaparición de galerías -la última, Val i 30; antes fueron Tomás March, My name's Lolita Art o Estil-, el abandono del Centre del Carme como espacio exclusivo para el arte contemporáneo y la incertidumbre sobre las obras sociales de las cajas de ahorro.
También subraya la "continua rebaja" de los presupuestos asignados, la supresión de puestos de trabajo ligados al sector y la marcha de "muchos artistas, comisarios, gestores y críticos de prestigio a otras ciudades y países".
Esta "depauperación" de lo relacionado con lo artístico "constituye un síntoma alarmante frente al cual no se entiende la aparente indiferencia de los responsables de la cultura en la C. Valenciana".
La plataforma, promotora del Documento de Buenas Prácticas en Museos y Centros de Artes, ofrece diálogo a los responsables políticos valencianos para elaborar un plan estratégico de las artes visuales e insiste en reclamar mayor transparencia y una revisión de las políticas culturales.

jueves, 5 de enero de 2012

Corrupción y abuso contra los artístas en ayuntamientos y centros culturales públicos


Casa de Vacas, en el parque del Retiro. Fotografía: Gonzopowers.


Los ayuntamientos, centros culturales, instituciones, museos, bancos, cajas de ahorros, etc. suelen pedir con frecuencia a los artistas dinero de alquiler por sus espacios de exposiciones, cuando no una obra de arte para sus fondos, colecciones particulares u otros destinos. Esto no obsta para que llamen política cultural a las actividades de exposiciones de artes plásticas en su seno.
Esta actuación anti-cultural es algo más que malas prácticas. Si un ente cultural público dispone de un presupuesto destinado a Cultura y tiene el comportamiento de negocio recaudatorio descrito en el párrafo anterior, esta “anti-política de Cultura” es vergonzante y vergonzosa. Un abuso y una corrupción. La gestión de la madrileña Casa de Vacas en el parque del Retiro es una competencia desleal y un principio para generar confusión general. Es un proceso contracultural, que destroza la igualdad de oportunidades.
Esta es una corruptela o malas prácticas cuando se denomina política cultural a esas actividades oportunamente pagadas vía dinero u obra de arte, lo que equivale en definitiva a permuta, trueque o intercambio de servicios, pero no a política cultural como hace constar en sus programas de avance o de fiestas, como si aquello fuera propio de la liberalidad de la concejalía de Cultura de la Casa Consistorial correspondiente.
Cuando algunos artistas o críticos de arte les advierten de esa mala práctica, la respuesta es fulminar con la mirada, poner la lupa de la desconfianza sobre ellos y terminar por denegar la posibilidad de que vuelvan a exponer en sus salas.
“Todos los ayuntamientos de la sierra madrileña lo hacen” fue la respuesta de un concejal de Cultura de un pueblo de la Comunidad de Madrid, cuando alguien le objetó sobre el asunto. Esto quiere decir que quizás sea conveniente que la Comunidad de Madrid regule un mínimo para evitar los abusos en ese campo, máxime cuando hay concejales o concejalas de Cultura que pretenden elegir el cuadro o escultura para sí el mismo día o al día siguiente de inaugurar la exposición que no va a durar más allá de quince días.
“Señora, déjeme ver al menos si vendo alguna, antes de elegir la obra”, le dijo un pintor de Madrid a una concejala de un ayuntamiento de la sierra madrileña que a la mañana siguiente de la inauguración de la exposición, como señora de horca y cuchillo, se presentó a elegir la pieza deseada. Una exposición en la que el artista debía de vigilarse las horas de apertura y cierre, además de poner el jabón y papel higiénico en el WC porque no se suministraba (lamentamos ponernos escatológicos).
Lo dicho: ¡Un abuso de políticos descarados!
Además, cuando se pide el inventario para conocer el número o los nombres de los artistas que han donado obras, esos ediles municipales de cultura evaden sistemáticamente las respuestas. Son mayoría los artistas que recelan de que las obras de arte “donadas” se encuentren en su totalidad en los fondos municipales.
Ayuntamientos e instituciones cargan así con dureza sobre los artistas plásticos, algo que no suelen hacer con conferenciantes o músicos, por ejemplo, cuando a éstos les pagan a la hora de contratarlos para fiestas, festejos y actuaciones.
La situación se agrava con motivo de la crisis en que vivimos, cuando estamos viendo que espacios como la Casa de Vacas de Madrid, perteneciente al Ayuntamiento de Madrid, se alquila al mejor postor y no siempre al mejor artista. Los ediles han descubierto la ubre del alquiler para ingresar más dinero en las arcas, con lo cual sólo expondrán quienes pueden pagarlo.
Cierto que este tema compete más a las asociaciones de pintores, escultores, artistas y acuarelistas que a la Asociación de Críticos de Arte, pero como el circuito es el mismo y observamos con harta frecuencia estos hechos que se nos antojan injustos, queremos denunciarlos en nuestra página web para que se haga llegar a quien proceda (esperamos la reciprocidad de defensa de los críticos por parte de los artistas cuando proceda).
Otra cosa distinta son aquellos casos en que los artistas, agradecidos o generosos, donen de verdad, sin presión, una obra de arte, “gratis et amore”, a la institución que les ha brindado la oportunidad de exponer; pero exigirlo como se hace, de modo casi sistemático en ayuntamientos y fundaciones denominadas sin ánimo de lucro, nos parece no solo un abuso sino un escándalo que hay que corregir, máxime en tiempos de crisis y extrema necesidad para muchos artistas.
Asociación Madrileña de Críticos de Arte

domingo, 11 de diciembre de 2011

¿Arte o mercado?

A la vista de los resultados hasta la fecha de los distintos sistemas de organización política y económica del mundo, está claro que la democracia, junto con el sistema liberal de mercado, ha sido el más eficiente. Salvo contadas excepciones, los países que han garantizado la propiedad privada, se han abierto al comercio exterior y han instaurado la libertad de pensamiento y de comercio han logrado desarrollarse y prosperar.

La posibilidad de lucrarse estimula a las personas a ser emprendedoras, a trabajar y a invertir. La base del sistema del mercado es la libertad del individuo para ofertar y demandar. El intercambio es la esencia del libre comercio, y su lenguaje, el dinero.

En los países desarrollados, el mercado lo ha invadido todo, incluso el arte. Atrás han quedado los años en que los reyes, papas o mecenas lo financiaban. Hoy, la cultura sólo halla financiación en dos espacios: la Administración o el mercado. Ante tal dicotomía surgen voces a favor de una u otra opción.

La cultura debe ser subvencionada. Los que así piensan aducen que los mercados no tienen piedad y los rige el lucro. Sólo si una cierta forma de arte es rentable recibirá apoyo del capital. No hay espacio para un arte que, a pesar de tener un alto valor intelectual, tenga pocos seguidores. Ésta es sólo una parte del problema, porque, además, no todos los mercados son iguales. Pero los medios de comunicación anulan las diferencias, hacen uniformes los estilos de vida, los gustos, los valores y los parámetros estéticos. Se ha llegado así en este último siglo a una especie de ultrademocratización de la estética.

Las industrias musical y literaria, la pintura o la arquitectura adivinan lo que el mercado va a acoger. A partir de ahí lo ejecutan, lo comunican y lo establecen. El público lo absorbe, realimentando una rueda que provoca un efecto bola de nieve que concede cada vez más poder a la industria y, por ende, al capital.

Pero no todo acaba ahí. El capital rentabilizará el arte en caso de que los demandantes entiendan y aprecien lo que compran. De alguna forma, citando a Valle-Inclán, “incluso en la democracia hay diferencias técnicas, señora portera…”. Así, unos votos valdrán más que otros si su nivel cultural y educativo es más elevado. Cuenta igual el voto de la portera que el del intelectual, claro que sí, pero el nivel intelectual de ambos no es el mismo. Eso también está claro.

Ante esta clase media creciente y cada vez más estandarizada en sus preferencias, el mercado olvida los extremos y la diversidad, se concentra en lo medio y en lo mediocre: en el arte comercial. Recuerden la primera edición de Operación Triunfo. Varios cantautores expusieron su preocupación por el cariz que el arte comercial estaba tomando. Si no se apoya o se ayuda al artista que desoye las voces del mercado para escuchar la verdadera voz de su inspiración, este artista desaparecerá. Ya se sabe. Igual que el mercado olvida a los indigentes, los artistas marginales también morirán de hambre. Por tanto, los fondos públicos deben financiar el arte. O eso, o será el final del arte verdadero.

Vamos ahora con la tesis contraria:

El arte no debe financiarse con dinero de los ciudadanos. Los argumentos que aquí se esgrimen son los propios del liberalismo económico. ¿Por qué no se da libertad a los individuos para decidir qué les gusta y qué no? ¿Por qué un consejo de sabios debe decidir la cultura que debe financiarse con impuestos? Parece que entremos en un patriarcalismo que considera que los ciudadanos no pueden discernir qué es artístico y qué no. “Dennos su dinero, y nosotros, los gobernantes, lo utilizaremos para financiar el arte que ustedes nunca pagarían porque no sabrían apreciar”.

E incluso aceptando lo anterior… ¿qué artista es al que hay que financiar? ¿Qué iluminado está en posesión de esa verdad? Ahí entrarán los intereses políticos o las preferencias o inclinaciones personales, los amiguismos… La forma de ventilar estos problemas es que cada uno se pague la cultura que desea de su propio bolsillo. Dicen: las personas son libres, y nada ni nadie tiene por qué utilizar su dinero para algo que no sean bienes de uso público, defensa, seguridad, salud y educación pública, o beneficencia.

El siguiente argumento es contundente: en el pasado también había arte que no tenía valor. Sólo el arte de valor sobrevive. También en la época de Mozart o de Bach había infinidad de compositores comerciales que han sido olvidados. Y no vale eso de que también los artistas del pasado estaban subvencionados por los nobles, papas o monarcas, porque si agrupáramos a todos los pintores, músicos o escultores de la historia a los que más valor se les otorga, hoy veríamos que son mayoría los que estaban fuera del circuito.

Por otro lado, en todas las épocas el artista ha podido hacer arte comercial si lo deseaba o necesitaba. Muchos músicos componían piezas por encargo para celebraciones rigiéndose por los cánones del momento y renunciando de forma parcial a sus propios gustos. Al final, una decisión del artista es crear según sus parámetros, según las exigencias del público, o buscar un equilibrio en un punto intermedio entre ambos. Un amigo, músico profesional, profesor en la Escuela Superior de Música de Catalunya, me dijo en cierta ocasión que las composiciones que han hecho avanzar la concepción armónica de su momento son casi siempre piezas tristes o melancólicas. En el dolor está el arte. Es el artista el que debe decidir si quiere sufrir o no. Nadie le exige que escriba, componga o proyecte creaciones que nadie vaya a comprender y valorar hasta al cabo de muchos años por haberse adelantado a su tiempo.
El tercer factor

En mi opinión, este debate pierde bastante intensidad en los países en que el nivel educativo de la población es elevado. Dicho de otra forma: el problema no es el mercado frente a la subvención, sino la educación y la cultura frente a la degradación del individuo. En la medida en que la gente adquiere sensibilidad, en que se divulga el arte, en que aumenta el número de personas que leen tanto novelas como libros de autoayuda, que aprecian el sonido de un violín tanto como de una guitarra eléctrica… los mercados adquieren también nivel. Y no sólo eso. También la diversidad se extiende y aparecen oportunidades para todos.

Así es: lo comercial y lo artístico se fundirían bajo una demanda culturizada. De arte o mercado se pasaría a arte y mercado. Los programas de televisión basura dejarían de concentrar audiencia, los que ventilan intimidades de algunos dejarían de encontrar anunciantes, las películas de violencia pura y dura no hallarían salida, y la música sin alma dejaría de encontrar oídos. Mientras, el debate sigue.

Fernando Trías de Bes es profesor de Esade, conferenciante y escritor.

martes, 29 de noviembre de 2011

La bitácora de Arístides

Ha sido una constante en los artistas el tratar de explicar su obra. De esta manera, los modernos de la primera mitad del siglo XX, si querían significar algo dentro de su complejo mundo, debían recurrir a agruparse en un movimiento que rompiese con al arte anterior. Tenían por costumbre publicar un manifiesto que diera cuerpo teórico a su obra, e incluso editaban revistas en las cuales daban razón de su hacer.

En la actualidad, quien desea ver su obra aupada a los altares de las ventas debe usar de los medios de masas, que bien por vía oral o escrita, magnifiquen su trabajo y publiciten a gran escala su labor, buscando el “glamour” del instante y el homenaje de los grandes medios de comunicación. Poco importa lo que hacen los demás y las declaraciones de intenciones sobre el objeto de las obras, ante una visión totalitaria del mercado que conduce hacia el conformismo.

El arte contemporáneo adolece de espíritu crítico y sustituye el compromiso por una frivolidad intelectual carente de una praxis transformadora de la realidad; mas al contrario, tiende a confirmar la complacencia con el sistema y el orden de las cosas. Con ello se ha producido un academicismo de las vanguardias donde prima la estética.

En el arte actual no hay nada bueno ni malo en función de una justificación ideológica previa. Desde esta óptica todo es válido y todo lo que se haga puede ser considerado como arte, de manera especial, si goza del favor del gran público o de la burguesía del coleccionista. Hasta el punto de que no se busca que la obra perdure, puesto que pronto habrá de ser sustituida por otra.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Código Deontológico. Instituto de Arte Contemporáneo







Con la cabeza gacha - Andrés Trapiello

Desde hace un tiempo una de las conversaciones recurrentes entre escritores,
cinetistas y músicos, cuando se reúnen, es internet, el modo en que se difundirán sus
obras y si podrán o no seguir viviendo de su trabajo. Por lo general son pesimistas,
creen que si no se pone coto a la piratería no podrán hacerlo o que lo harán peor. No
es fácil explicar a quien ha estado descargando gratis películas, canciones y libros,
que deberá dejar de hacerlo o pagar por ello. Algunos de los piratas han llegado a
proclamar que prohibirles robar es privatizar la cultura.
Hasta que apareció internet nadie había puesto en tela de juicio los derechos de autor,
por eso no se explica uno por qué habrían de ser diferentes las leyes ahora, cuando
las obras siguen siendo las mismas. No hay dos realidades, una analógica y otra
digital, por lo mismo que la ley es la misma para todos. Lo más llamativo de los que
piden la gratuidad de las descargas de internet es, dicho con toda suavidad, su
oportunismo. Pagan sin rechistar las tarifas de conexión a las compañías telefónicas,
los recibos de la luz y a los fabricantes de ordenadores, pero exigen que los
contenidos sean gratuitos. Muchos autores estarían dispuestos a dejar que
descargaran gratis sus obras si vieran que Telefónica no les cobraba la conexión ni las
compañías eléctricas los recibos y que en la tienda les regalaban el ordenador, incluso
si los piratas pusieran a su disposición sus libretas de ahorros y, por qué no, el lado
caliente de sus camas. Es decir, les parece importante lo que menos lo es, el tubo, y
desprecian el contenido. Por lo demás la figura de Robin Hood, robando a los ricos
para dárselo a los pobres, resulta muy atractiva, sobre todo para los jóvenes, aunque
poco rigurosa: no suelen pararse a pensar que a menudo roban a gentes más pobres
que ellos, y cuánto resentimiento larvado, decía Nieztche, tras la intransigente moralidad
de ciertas actitudes: algunos, humillados por su propia esterilidad e insignificancia
solo quieren hacer sentir su fuerza y su poder, o ambas cosas, como quien
muerde una manzana no por hambre, sino para tirarla a continuación con el único
propósito de mostrar su desprecio, el desprecio de las masas. Por no mencionar a
aquellos a los que sus portales de descargas ilegales les han hecho millonarios.
El gobierno, en vista de que no resulta fácil técnicamente perseguir y detener ni a los
ladrones organizados ni a los descuideros eventuales, los ha alentado por razones
astutas: quieren sus votos. Privatizar la cultura es un asunto interesante, qué duda
cabe. Podemos empezar por las casas de Venecia, ¿quién no ha querido pasar una
temporadita frente a San Giorgio? Ahora, pretender nacionalizar el talento (ya saben:
todo es de todos, menos de los autores) es francamente una genialidad, difícil de
superar. ¿Y qué interés tienen los políticos en que se saquee a los autores? A estos
les ha costado siglos arrancar su independencia a duques, señoritos “y demás ralea”,
y lo lograron de la única manera posible: con su dinero, ganado honrada y libremente.
Estos días, muchos de ellos, cuando se reúnen, hablan de internet y se muestran
apesarados. A otros, en cambio, les satisface la idea de volver a tenerlos como
jornaleros en la plaza pública, con la cabeza gacha.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Serendipia - Alejandra Acosta

Quietud

Quietud
22x22cm - Técnica mixta y objeto sobre madera y tela
2011
Autor: Leguey

Elena Vozmediano

Y tú que lo veas
por Elena Vozmediano
Cultura partidista




El pasado fin de semana se difundió entre los medios de comunicación que el Ministerio de Cultura ha concedido a las 12 fundaciones vinculadas a los partidos políticos un total de 5 millones de euros. De ellos, un 80% corresponden a las fundaciones del PP y del PSOE: la Fundación FAES (Fundación para el análisis y los estudios sociales), presidida por el anterior presidente del Gobierno José María Aznar, recibe 2.072.549,55 euros, y la Fundación Ideas para el Progreso, presidida por el actual, José Luis Rodríguez Zapatero, 1.961.101,83 euros. Al lote de los socialistas hay que sumar los 345.238,17 euros que cobrará la Fundación Rafael Campalans, del Partido Socialista de Cataluña. Bien podrían los partidos, que reciben generosas cantidades a cargo del los presupuestos generales del Estado para su funcionamiento (en 2011, 34,5 millones para el PP y 32,6 millones para el PSOE) financiar con esos fondos sus fundaciones, que están básicamente encaminadas a su fortalecimiento ideológico. La Fundación FAES tiene como ámbitos de actuación:

- Pensamiento Político
- España. Constitución. Estado de Derecho
- Internacional
- Lucha Contra el Terrorismo
- Economía
- Políticas Públicas

Por su parte, la Fundación Ideas, “tiene como objetivo prioritario aportar nuevas ideas progresistas al debate político y social en un mundo en cambio permanente. Su misión consiste en señalar retos y oportunidades, prevenir problemas y aportar posibles soluciones que los resuelvan, soluciones novedosas e imaginativas, pero también rigurosas desde un punto de vista científico y políticamente aplicables”.

¿Qué hay de “cultural” en todo esto?

Es evidente que estas ayudas las otorga el Gobierno como consecuencia de un pacto político. Le corresponde al Ministerio de Cultura adjudicarlas porque en su organigrama hay una Subdirección General de Promoción de Industrias Culturales y de Fundaciones y Mecenazgo, de la que depende el Protectorado de Fundaciones, el registro de éstas y su control económico. No creo que ni a la ministra ni al director general de Industrias Culturales les haga felices este pellizco a su presupuesto, pero no hay contestación posible.

La situación económica, no me canso de repetirlo, de muchas instituciones y muchos proyectos culturales en toda España es gravísima. Los recortes están siendo salvajes y se espera lo peor para el año que viene. Que en este contexto los partidos se regalen 5 millones a sí mismos, desde el Ministerio de Cultura, es incalificable.

En el año 2011, el Ministerio ha publicado una única convocatoria para las fundaciones del sector cultural: las ayudas de acción y promoción cultural de la Dirección General de Industrias Culturales, que se dirigen también a empresas culturales y asociaciones. El presupuesto total de estas ayudas ha sido de 3.320.000 euros. He consultado el BOE (ver abajo la referencia) para contar y sumar: de ese presupuesto, se han repartido 971.000 euros entre 59 fundaciones. Entre ellas están la Fundación Antoni Tàpies, Fotocolectania, la Fundación Alejandro de la Sota, la Fundación Antonio Gades, la Fundación Francisco Giner de los Ríos, la Fundación LABoral, la Fundación Temas de Arte, la Fundación Universitaria de Navarra... las ayudas suelen estar entre los 12.000 y los 20.000 euros y van ligadas a un proyecto concreto, no como en el caso de las fundaciones de los partidos, que pueden dedicarlas a su "funcionamiento". Además, no podrán recibir la ayuda en más de tres convocatorias consecutivas, limitación que no se pone a los partidos. Y miren lo que encontramos: en la lista de entidades culturales favorecidas por estas ayudas de acción y promoción cultural está la Fundación Ideas para el Progreso, que obtiene 12.000 euros para el proyecto "Observatorio cultural de los españoles en el mundo". Parece que no tienen bastante con la asignación anual y tienen que competir con las fundaciones no políticas para arañar unos miles de euros más. A unas veinte fundaciones que presentaron proyectos para recibir ayudas no les concedieron absolutamente nada.

El Ministerio, a través de la Dirección General de Bellas Artes y Bienes Culturales, convoca además las ayudas para la promoción del arte contemporáneo español. O las convocaba, porque este año no han encontrado tiempo para prepararlas. En las del año pasado, sólo 160.000 euros estaban destinados a organizaciones sin ánimo de lucro y el reparto fue así: 58.000 euros entre 11 fundaciones. Salían a una media de 5.000 euros. No digo más.

Documentación:

Orden CUL/2365/2010, de 30 de agosto, por la que se conceden las ayudas para la promoción del arte contemporáneo español correspondientes al año 2010.

Orden CUL/2578/2011, de 20 de septiembre, por la que se conceden las ayudas de acción y promoción cultural correspondientes al año 2011.

Orden CUL/2848/2011, de 29 de septiembre, por la que se conceden subvenciones a fundaciones y asociaciones con dependencia orgánica de partidos político.

sábado, 1 de octubre de 2011

Pasa el tiempo- Rosa Olivares




Christian Boltanski. Menschlich, 1994; Les Suisses morts, 1990. Vista de la exposición en el Kunstmuseum Lichtenstein, 2009




Pasa el tiempo, pasan las personas, y aquellas que fueron protagonistas desaparecen para situarse primero en un segundo plano y, finalmente, detrás del escenario. Algunos regresan en persona en ese trampantojo que son los homenajes, pero la realidad es que se fueron. El arte tiene en el paso del tiempo uno de sus temas recurrentes y más perentorios. Deprime y asusta cuando como estudiante analizas todas esas vanitas, todas esas jóvenes bellezas que al asomarse al espejo ven reflejada su imagen de ancianas decrépitas. Símbolos de lo efímero, del inexorable paso del tiempo y de la transformación de la vida. No es, finalmente, de la muerte de lo que se habla cuando se habla del tiempo, sino de la transformación de las situaciones vitales, de cómo todo lo que se tiene se pierde: la belleza, la riqueza, el poder, el gozo... Todo es vano capital, como apuntaba el poeta llorando la muerte del padre.

En estas últimas semanas han ido desapareciendo artistas famosos y otros que lo fueron y ya han sido olvidados, como lo serán la mayoría en algún momento. Incluso los que hoy llenan páginas en revistas y catálogos, flor de papel de un día, de un mes, de un año de duración. Sorprende cómo las nuevas generaciones no sólo han olvidado, sino que nunca conocieron a aquellos que fueron esenciales en algún momento no lejano. Pocos son los que pueden dar en orden la lista de directores del Reina Sofía, aun siendo sólo unos cuantos, ni la de los artistas que han representado a España en las sucesivas bienales de Venecia, y para qué hablar de sus correspondientes comisarios, y eso que ni todas juntas llegan a ser lo mismo que la lista de los reyes godos o de los afluentes del Guadalquivir por la derecha y por la izquierda, listas que memorizábamos y recordábamos durante años. Pero no se trata de un problema en el sistema de aprendizaje, sino de la velocidad que la vida actual nos impone: después de ese éxito, de ese poder que debemos conseguir rápido, viene el olvido, veloz e inevitable.
¿Para qué esas luchas por el poder que vemos continuamente? ¿A dónde va ese afán de protagonismo voraz? No olvidemos que sólo tenemos derecho a 15 minutos de fama, y después, el olvido. Y muchos no llegan ni a cinco minutos. Si la aceptación nunca es unánime, el olvido es absolutamente general, que nadie se engañe. Quedan los hechos, no las personas; quedan los trabajos bien hechos, los logros, los experimentos, los avances, las ideas... Y eso debería ser suficiente. Que nos sobrevivan nuestros libros, y que la memoria que dejemos esté firmemente relacionada con el conocimiento, con la creación, arraigada en el trabajo de aquellos que pueden olvidar nuestro nombre pero nunca lo que hicimos. Como esos edificios maravillosos en los que entramos admirados sin saber quién los diseñó. En arte sólo los grandes nombres perduran emparejados a sus grandes obras, pero muchos que hoy se construyen a sí mismos como si fueran catedrales o pirámides, por más que urdan estrategias y fundan en pesado bronce sus mediocres trabajos, no quedarán más que en 15 minutos. Porque de ese tipo de artistas, de personas, hay siempre tantos que hacen cola a la puerta de la fama y del éxito. Engañándose, pues esa puerta es la de servicio, no la principal.