La bóveda
20x37 cm - Técnica mixta y collage sobre papel
2013
martes, 29 de enero de 2013
domingo, 27 de enero de 2013
miércoles, 23 de enero de 2013
domingo, 20 de enero de 2013
sábado, 19 de enero de 2013
viernes, 18 de enero de 2013
miércoles, 9 de enero de 2013
lunes, 7 de enero de 2013
miércoles, 26 de diciembre de 2012
domingo, 23 de diciembre de 2012
LA CARA VIVA DE LA CULTURA - Álvaro de los Ángeles
Según la página web del IVAM, el Institut comenzó a realizar
exposiciones en 1998, justo nueve años después de su inauguración y tras
la mejor etapa conocida hasta la fecha: la única que entendió el museo
como trayecto posible y no como llegada y asentamiento de intereses
particulares. Antes de esta fecha, año en que empezó a gobernar con mano
de hierro Cosme de Barañano, nada. Nada de Matta-Clark, de Eva Hesse,
de Robert Smithson, de Atget, de Richard Prince, de McCollum o Crag, de
Meireles o Downey, nada de las exposiciones dedicadas a las diversas
ramas del tronco común de la Modernidad, nada de Heartfield o de los
juguetes de Torres García, sin rastro de Gary Hill, de Kuitka o de
Chantal Ackerman, ese arte degenerado; sin rastro de todo lo enseñado y
todo lo aprendido. La única y mejor prueba fehaciente de que esos años
sí ocurrieron es su colección, diluida en los últimos años por
donaciones menores y compras de dudoso interés y procedencia.
Ahora, además, el tufo a glutamato ha calado hasta en los fríos hierros de los Julio González y la nube de la sospecha se ha instalado en la azotea del Institut, donde se proyectó una ampliación
„cuando éramos ricos y construcción rimaba con comisión„ de la que se ha avanzado sólo en el derribo de las casas traseras. Se repiten los argumentos y las acciones: derribo de la historia, construcción especulativa y, entre medias, la ciudadanía encantada de serlo cada vez menos. Consuelo Ciscar, por lo tanto, ha ejecutado con solvencia de troika la demolición del pasado. A su presente, en apariencia perpetuo, cabe esperar un futuro que le (nos) haga justicia y le ubique en el escalón del prestigio cultural que se ha ganado a pulso. Llegado ese momento, cuando fuere, lo único que no cabría es el olvido, al menos para evitar que la historia se repita.
Finiquitada la Sala Parpalló y el MuVIM jugando todo el verano pasado a fútbol entre campos de flores de Lis, la cultura institucional ha encajado la llegada de CulturArts como un chiste macabro. Una Conselleria de Culturismo ya fenecida y una nueva consellera a la que se le multiplican los ERE en todos los ámbitos. Así de baldía está la tierra quemada de las políticas culturales en la Comunitat Valenciana y así de innecesaria se está convirtiendo su gestión, donde sobresale el azul cobalto del Ágora como la punta de un iceberg ruinoso. Seguramente es eso lo que se persigue y se desea, que ya no la necesitemos y que apenas notemos su derrumbe final.
Mientras tanto, han ido surgiendo otras necesidades sociales y culturales que hallan en los encuentros colectivos modos de aprendizaje e intercambio de saberes tan antiguos como el mundo y tan adecuados a su momento como las conexiones en red y la transversalidad. Es decir, se hace patente la necesidad de la participación colectiva para hablar y tratar asuntos que tienen en la dinamización de lo local la igualación de asuntos que ocurren en un ámbito globalizado. La palabra hablada como vehículo de sociabilidad y la palabra escrita como necesario testigo del momento. De ahí que algunos colectivos y eventos como, por citar unos pocos, Arquitecturas colectivas, Comboi a la fresca, Autoformato, Solar Corona, la Calderería, la Minúscula, la Mutante, la histórica Ca Revolta, Plutón, Doctor Nopo, Russafart, Circuit Vermut, Ciutat Vella Batega? estén trenzando conexiones entre barrios y personas desde prismas e intereses muy variados, pero que parecen tener su común denominador en la necesidad de seguir avanzando. Publicaciones como Bostezo, VA!, Editorial Concreta, Ed. Germanía, EST. Publicaciones, etcétera, están aportando desde la fisicidad de lo impreso, un contrapunto a la extendida virtualidad de grandes medios y voces autorizadas que ya se expresan desde los blogs o los diarios digitales.
El cambio de paradigma no es una línea en el horizonte, sino un terreno al que ya hemos llegado. El reto estará en encontrar el equilibrio entre modelos conocidos, ahora fláccidos de tanta inanición tras los grandes festines, y aquellos que se generan a cada día, paso a paso y con pretensiones mucho más humanas y realistas: más frugales, si se quiere, pero también mucho más vitaminados.
Ahora, además, el tufo a glutamato ha calado hasta en los fríos hierros de los Julio González y la nube de la sospecha se ha instalado en la azotea del Institut, donde se proyectó una ampliación
„cuando éramos ricos y construcción rimaba con comisión„ de la que se ha avanzado sólo en el derribo de las casas traseras. Se repiten los argumentos y las acciones: derribo de la historia, construcción especulativa y, entre medias, la ciudadanía encantada de serlo cada vez menos. Consuelo Ciscar, por lo tanto, ha ejecutado con solvencia de troika la demolición del pasado. A su presente, en apariencia perpetuo, cabe esperar un futuro que le (nos) haga justicia y le ubique en el escalón del prestigio cultural que se ha ganado a pulso. Llegado ese momento, cuando fuere, lo único que no cabría es el olvido, al menos para evitar que la historia se repita.
Finiquitada la Sala Parpalló y el MuVIM jugando todo el verano pasado a fútbol entre campos de flores de Lis, la cultura institucional ha encajado la llegada de CulturArts como un chiste macabro. Una Conselleria de Culturismo ya fenecida y una nueva consellera a la que se le multiplican los ERE en todos los ámbitos. Así de baldía está la tierra quemada de las políticas culturales en la Comunitat Valenciana y así de innecesaria se está convirtiendo su gestión, donde sobresale el azul cobalto del Ágora como la punta de un iceberg ruinoso. Seguramente es eso lo que se persigue y se desea, que ya no la necesitemos y que apenas notemos su derrumbe final.
Mientras tanto, han ido surgiendo otras necesidades sociales y culturales que hallan en los encuentros colectivos modos de aprendizaje e intercambio de saberes tan antiguos como el mundo y tan adecuados a su momento como las conexiones en red y la transversalidad. Es decir, se hace patente la necesidad de la participación colectiva para hablar y tratar asuntos que tienen en la dinamización de lo local la igualación de asuntos que ocurren en un ámbito globalizado. La palabra hablada como vehículo de sociabilidad y la palabra escrita como necesario testigo del momento. De ahí que algunos colectivos y eventos como, por citar unos pocos, Arquitecturas colectivas, Comboi a la fresca, Autoformato, Solar Corona, la Calderería, la Minúscula, la Mutante, la histórica Ca Revolta, Plutón, Doctor Nopo, Russafart, Circuit Vermut, Ciutat Vella Batega? estén trenzando conexiones entre barrios y personas desde prismas e intereses muy variados, pero que parecen tener su común denominador en la necesidad de seguir avanzando. Publicaciones como Bostezo, VA!, Editorial Concreta, Ed. Germanía, EST. Publicaciones, etcétera, están aportando desde la fisicidad de lo impreso, un contrapunto a la extendida virtualidad de grandes medios y voces autorizadas que ya se expresan desde los blogs o los diarios digitales.
El cambio de paradigma no es una línea en el horizonte, sino un terreno al que ya hemos llegado. El reto estará en encontrar el equilibrio entre modelos conocidos, ahora fláccidos de tanta inanición tras los grandes festines, y aquellos que se generan a cada día, paso a paso y con pretensiones mucho más humanas y realistas: más frugales, si se quiere, pero también mucho más vitaminados.
sábado, 15 de diciembre de 2012
Museos zombis - Rosa Olivares
Parece que ya nadie se acuerda en la vorágine de la batalla, pero ¿qué ha sido del CDAN? El hasta hace poco modélico proyecto de museo vinculado a la naturaleza y el medio ambiente ahora es un lugar aislado en el que hay que pagar para entrar, sólo abren por las tardes, su personal se ha visto recortado hasta prácticamente la extinción, y en sus paredes una vuelta de tuerca más a la colección fundacional del pintor que donó los terrenos. Su equipo pequeño pero eficaz y de una profesionalidad inusitada se ha desperdigado y el que fue un centro con iniciativas, talleres, centro de documentación, premios a la investigación… ni mantiene las becas ni siquiera mantiene sus suscripciones a las revistas especializadas. Es un museo zombie, está abierto, respira, pero realmente está muerto. ¿No había otra solución? Sabemos que no es cuestión de dinero, pero en estos trajines de recortes se están cargando el patrimonio cultural que nuestros impuestos y nuestros esfuerzos han creado. ¿Alguien se acuerda del DA2 de Salamanca, del CAB de Burgos, del Centro José Guerrero (recuperado y olvidado al mismo tiempo), del IACC de Zaragoza (muerto en el parto), del MAS de Santander, excluido sistemáticamente del reparto de dinero local, del Patio Herreriano de Valladolid, del EACC de Castellón, una de las promesas malogradas del panorama museístico del País Valenciano?
Y hay más, muchos más: el invencible MEIAC, que sigue abierto, en una pobreza insultante desde su apertura; Sa Nostra en Palma, TEA en Tenerife (una gran promesa incumplida desde el origen); ¿y el Centro Huarte en Pamplona? Una buena muestra de que los concursos más o menos limpios no solucionan situaciones aberrantes. En el País Vasco KREA desapareció antes de nacer, con un planteamiento no sólo nuevo sino viable, duró lo que un suspiro, porque cuando los proyectos no tienen arraigo en las propias estructuras que los promueven, son apenas un suspiro. Y muchos suspiros habrá que dar por el Centro Montehermoso de Vitoria, que está a un paso de pasar de vivo a muerto viviente, sin presupuesto ni para… para nada. Claro que Rekalde no cierra pero ¿sabe alguien qué hace, al margen de los que pasean por la calle Rekalde? Y Tabakalera sin rumbo fijo, y otros más discretos que agonizan en silencio viendo como el dinero si existe, aunque vaya en otras direcciones, y sobre todo como las opiniones ignorantes de los políticos vuelven a ser ley. El Centro Niemayer en Asturias, se acabó, y la LABoral intenta reajustarse sobre sí misma… y en Murcia ya no queda nada abierto, mientras en La Conservera se acaba una programación que no parece tener prolongación hacia ningún sitio. Y esto sólo es un rápido repaso por lo que pude ser y no ha sido, porque quedan muchos más centros de arte y museos (más de cien hace un par de años) privados y públicos que sobreviven mal, al borde de la extinción, sin que nadie se acuerde de ellos.
Hay más museos zombies, abren sus puertas y dentro no hay nada. El resucitado temporalmente Es Baluard de Palma de Mallorca demostró que era posible ir hacia adelante con una buena dirección y un gran esfuerzo… vinieron los recortes políticos y se volvió a la muerte viviente, camina pero está muerto. La elección de un nuevo director, todavía sin solución final era una oportunidad de poner a un profesional con experiencia al mando e intentar otra vez la recuperación del Museo, esperamos que triunfe la honestidad sobre los intereses políticos y familiares y que no se pierda todo. Porque en Palma ya queda poco realmente que perder.
En Vigo el museo de propiedad municipal MARCO agoniza y todo apunta que ni siquiera podrá ser un museo zombie, como viene siéndolo en los últimos tiempos (con exposiciones de seis meses), sino que se enterrará y se cerrarán sus puertas como las puertas de una tumba, otra, cultural. Y todo el esfuerzo perdido, una vez más.
Y después qué: ¿el MUSAC en cuanto su actual director salga? No quiero dar más nombres pero en las autonomías tanto las gobernadas por el PP como las que lo están por nacionalistas el futuro de sus centros artísticos y culturales parecen una película de miedo de serie B. Por sus salas, sus directores, los antiguos comisarios, los artistas y los espectadores, los aficionados, que si que los hay y se cuentan por miles, deambulan arrastrando los pies, con la mirada perdida y babeantes, añorando el arte que ya no se muestra, las exposiciones que se fueron para no volver, los debates, las conferencias que resuenan todavía en sus oídos… No se acabó la fiesta, se está acabando la cultura.
sábado, 1 de diciembre de 2012
“Esto lo pinta mi hijo”
Supongo que no soy la única que ha oído mil veces este comentario a visitantes de museos de arte contemporáneo. De hecho, he podido observar que es una frase típica, no sólo en el visitante español, sino en cualquier visitante de museo sea cual sea su procedencia y siempre que éste no sea un experto o amante del arte contemporáneo.
Debo decir que no por haberlo oído mil
veces deja de parecerme insoportable y me pone de muy mal humor. Pero,
lejos de lo que pueda parecer, no creo que la culpa sea del público, o al menos, no sólo él es el responsable de que aún hoy nos encontremos con que la sociedad en general no ha aprendido a valorar el arte contemporáneo ni sabe descodificar su lenguaje.
Miró – Mujer Ante El Sol, 1950
Dejo sobre la mesa los diferentes factores que, a mi parecer, nos llevan a ésta paradoja, ya que, para mí es una paradoja que se abran a diestro y siniestro centros y museos de arte contemporáneo,
para una sociedad que, por lo que se ve, no entiende ni reconoce el
arte contemporáneo como ARTE en mayúsculas. Como el “arte verdadero”.
Desde que el arte dejó de tener como
principal tema y fin la imitación de la naturaleza o realidad (con el
nacimiento de la fotografía), éste pudo ser libre y comenzar a
investigar, desarrollar, ampliar, profundizar, experimentar en un lenguaje que aún habiendo sido ya creado, estaba encajonado por los límites que la realidad le imponía.
A partir de ahora, ¿quién le pondrá puertas al campo? Rompedores de los
cánones ha habido muchos a lo largo de la historia del arte: Picasso con el cubismo o Marcel Duchamp con los ready made, etc. Por ello, y en un mundo donde el ordenador, los teléfonos móviles, el Ipad, etc triunfan, ¿con qué argumento podemos pedirle al arte que siga anclado en el siglo XIX?
Si el arte es “manifestación de la actividad humana mediante la cual se
expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o
imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros” (definición de
la R. A. E.), ¿cómo podemos pedirle que permanezca ajeno a los avances técnicos, científicos e ideológicos de la época a la que pertenece?. Pero además, si consideramos que el arte es un lenguaje, ¿cómo podemos exigir al público que descodifique un lenguaje que no ha aprendido?, ¿cómo conseguiremos que lo entienda si no le damos unas herramientas previas válidas?
Louise Bourgeois – Temper Tantrum, 2000
También supongo que no soy la única que
en sus años de instituto los profesores pasaban los temas de arte para
darlos “si había tiempo” al final de la explicación (y nunca lo había), o
que en la asignatura de historia del arte, de la que te ibas a examinar
en selectividad, con suerte llegabas hasta las primeras vanguardias,
siendo el arte contemporáneo el tema que siempre quedaba pendiente.
Pero, por otro lado, siento que existe una falta de apertura de mente bestial en nuestra sociedad. La mayoría de personas no se informan sobre lo que van a ver a un museo,
no investigan un poco ni se interesan con anterioridad a la visita. Y
no es lo más grave, pues una vez en el centro de arte contemporáneo, van cargados con sus prejuicios como si fuera una venda
que les impide disfrutar de lo que están contemplando, les evita
acercarse y ver con ojos de niño, con ojos de descubrimiento. Eso sí,
todos disfrutan de “Las Meninas” o de exposiciones que parecen producto
de una gran campaña de marketing como la de los paneles de la Hispanic
Society de Sorolla, exposición que sufrí (es el verbo indicado) en mis propias carnes y pobre Sorolla,
que él no tiene la culpa de nada…. pero, ¿realmente sacan todo el
partido?, ¿entienden lo que esas pinturas significan o se quedan en el
“qué bien pintaba este hombre, mira lo bien que está pintado el perro,
parece de verdad”?. ¿Son capaces de ver más allá de ese primer nivel que
es la representación de la realidad? No quiero con esto que penséis que
trato a la gente de tonta, sino todo lo contrario. Lo que me planteo es
si la educación artística recibida por la mayoría es suficiente y si, desde las instituciones artísticas nos preocupamos por facilitarles los instrumentos básicos para el disfrute del arte.
Composición Nº1, Pollock, 1950
Hilando ahora con las instituciones
dedicadas a la difusión del arte, ni cabe decir que las principales son
los museos. Ya desde los años sesenta con los ideólogos que plantearon
la nueva museología y más tarde con la museología crítica se ha dado al museo el papel de mediador entre la obra y el público.
El museo tiene que ser un lugar que, lejos de ser sagrado, un templo,
quiera hacer que el visitante viva una experiencia directa con el arte.
Un lugar de aprendizaje, de discusión, de debate donde las personas sean
capaces de reflexionar sobre el mundo a través de las obras artísticas que responden a esa misma visión del mundo que tienen unas personas llamadas “artistas”. Pero, ¿la teoría museológica están siendo llevada a cabo verdaderamente por los museos?
Está claro que cualquier museo de hoy en día no puede permitirse no
tener un departamento pedagógico o de difusión, pero, ¿es más un mecanismo para llenar las estadísticas de visitantes de museos y legitimar el museo como necesario, o se está cumpliendo con la labor encargada por el ICOM
(International Council of Museums, UNESCO)?. Sé de buena tinta el buen
hacer de muchos departamentos pedagógicos, pero del mismo modo, sé de
muchos otros que siguen el modelo “soy un guía: yo te suelto el rollo y
tú escuchas callado y sin rechistar”.
José Guerrero – Crecientes Horizontales, 1973
Y es que el arte siempre ha sido algo
supremo, divino, reservado sólo a unos pocos, a la cream de la cream… Y
con esto planteo una última pregunta: Si el arte es exclusivo, da
estatus, te hace partícipe de una élite de personas (curadores o
comisarios, directores de museos, coleccionistas, galeristas, artistas),
¿es posible que esas personas quieran quitarse su aura de divinidad
para bajar a la tierra y democratizar del arte?, la gran proliferación
de “cajas blancas” o “cubos blancos” donde es la obra la que habla en sus salas impolutas y sin explicación alguna que nos haga entenderla, ¿es casualidad o es producto de esta renuncia por parte de la élite del arte a la democratización del hecho artístico?. ¿Prima lo estético sobre lo pedagógico?
En mi opinión, ARCO Bloggers es una respuesta a esta necesidad de democratización y acercamiento del arte contemporáneo al grueso de la población y, además, desde una plataforma nueva y accesible. Es la razón por la que estoy encantada de participar en el proyecto.
Guest Blogger: Laura Cano (La Caja Revuelta)
lunes, 19 de noviembre de 2012
Mecenas o algo parecido. Rosa Olivares
A pesar de que la
ley de mecenazgo esté estancada en los laberintos burocráticos y en los
intereses políticos, es evidente que la necesidad de ayudas al arte, a
las iniciativas de todo tipo, está encima de la mesa y ocupa parte de
los objetivos de los grandes holdings y empresas, así como de los
particulares con más sensibilidad al respecto. Pero no hay que confundir
los términos.
Mecenas es aquella persona o entidad que da dinero, que pone dinero, en cantidades significativas, para que se haga un proyecto concreto. Mecenas es quien facilita económicamente, en abundancia suficiente, el trabajo y la sostenibilidad de uno o varios artistas. Los mecenas clásicos eran aquellos que mantenían a determinados artistas prácticamente siempre, con su dinero, para que estos pudieran trabajar, crear su obra. Por supuesto, el mecenas recibía a cambio alguna de las obras creadas por ellos; nada es totalmente gratis, ya lo sabíamos.
Mecenas son esos coleccionistas que donan parte de su colección a cambio de que su nombre aparezca en algún sitio, claro que también desgravan, pero eso no empaña su generosidad. Por ejemplo, esos coleccionistas de otros países (casi diríamos de otros mundos) que ceden sus obras maestras para que el museo del Estado, es decir público, pueda mostrar obras que nunca pudo o supo comprar. Eso es un mecenas, el que da mucho a cambio de casi nada. El que da poco o casi nada a cambio de repercusión mediática es otra cosa, pero desde luego, mecenas no.
El Museo Thyssen Málaga ha puesto en marcha una iniciativa para “dar difusión a nuevos talentos del arte” a través de la producción de unas tarjetas postales que se venderán en sus sedes, o se regalaran, y aquel que tenga más votos en la plataforma Mecenas 2.0 recibirá un premio de 400 euros. Si, no hay error: cuatrocientos euros. ¿Qué tipo de mecenazgo es dar 400 euros a cambio de que un montón de jóvenes estudiantes y artistas les den gratis sus dibujos, ideas, proyectos en formato tarjeta postal para que se vendan (o se regalen, me da igual) en las tiendas del Thyssen? Esto no tiene nada que ver con ser un mecenas, más bien todo lo contrario.
Recordemos que el Thyssen es un museo privado con apoyo económico (alquiler de la colección y locales cedidos) del Estado o del Ayuntamiento de Málaga (de lo que nos enteramos cada vez que hay que renegociar los precios previas amenazas veladas de la Baronesa de que la colección es suya y se la puede llevar donde quiera), que cobra su entrada todos los días, ni siquiera un día a la semana es gratuito. Vamos, que cualquier parecido con un mecenas es pura casualidad.
Seamos serios y llamemos a las cosas por su nombre. Y por favor, cuando alguien ponga dinero, ayude a la cultura, será un gesto que todos agradeceremos, pero no confundir apoyo con mecenazgo, ni crowfunding con mecenazgo, ni limosna con mecenazgo, ni picardía con mecenazgo, ni autopromoción con mecenazgo. Ni mucho menos iniciativas dignas de un centro cultural de barrio con las que debería tomar un museo de la calidad, una colección de la importancia del Thyssen.
Mecenas es aquella persona o entidad que da dinero, que pone dinero, en cantidades significativas, para que se haga un proyecto concreto. Mecenas es quien facilita económicamente, en abundancia suficiente, el trabajo y la sostenibilidad de uno o varios artistas. Los mecenas clásicos eran aquellos que mantenían a determinados artistas prácticamente siempre, con su dinero, para que estos pudieran trabajar, crear su obra. Por supuesto, el mecenas recibía a cambio alguna de las obras creadas por ellos; nada es totalmente gratis, ya lo sabíamos.
Mecenas son esos coleccionistas que donan parte de su colección a cambio de que su nombre aparezca en algún sitio, claro que también desgravan, pero eso no empaña su generosidad. Por ejemplo, esos coleccionistas de otros países (casi diríamos de otros mundos) que ceden sus obras maestras para que el museo del Estado, es decir público, pueda mostrar obras que nunca pudo o supo comprar. Eso es un mecenas, el que da mucho a cambio de casi nada. El que da poco o casi nada a cambio de repercusión mediática es otra cosa, pero desde luego, mecenas no.
El Museo Thyssen Málaga ha puesto en marcha una iniciativa para “dar difusión a nuevos talentos del arte” a través de la producción de unas tarjetas postales que se venderán en sus sedes, o se regalaran, y aquel que tenga más votos en la plataforma Mecenas 2.0 recibirá un premio de 400 euros. Si, no hay error: cuatrocientos euros. ¿Qué tipo de mecenazgo es dar 400 euros a cambio de que un montón de jóvenes estudiantes y artistas les den gratis sus dibujos, ideas, proyectos en formato tarjeta postal para que se vendan (o se regalen, me da igual) en las tiendas del Thyssen? Esto no tiene nada que ver con ser un mecenas, más bien todo lo contrario.
Recordemos que el Thyssen es un museo privado con apoyo económico (alquiler de la colección y locales cedidos) del Estado o del Ayuntamiento de Málaga (de lo que nos enteramos cada vez que hay que renegociar los precios previas amenazas veladas de la Baronesa de que la colección es suya y se la puede llevar donde quiera), que cobra su entrada todos los días, ni siquiera un día a la semana es gratuito. Vamos, que cualquier parecido con un mecenas es pura casualidad.
Seamos serios y llamemos a las cosas por su nombre. Y por favor, cuando alguien ponga dinero, ayude a la cultura, será un gesto que todos agradeceremos, pero no confundir apoyo con mecenazgo, ni crowfunding con mecenazgo, ni limosna con mecenazgo, ni picardía con mecenazgo, ni autopromoción con mecenazgo. Ni mucho menos iniciativas dignas de un centro cultural de barrio con las que debería tomar un museo de la calidad, una colección de la importancia del Thyssen.
martes, 13 de noviembre de 2012
Juan Carlos Mestre
Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.
Un poema de Lèdo Ivo es una luciérnaga que busca una moneda perdida. Cada moneda perdida es una golondrina de espaldas posada sobre la luz de un pararrayos. Dentro de un pararrayos hay un bullicio de abejas prehistóricas alrededor de una sandía. En Cavalo Morto las sandías son mujeres semidormidas que tienen en medio del corazón el ruido de un manojo de llaves.
Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.
Lèdo Ivo es un hombre viejo que vive en Brasil y sale en las antologías con cara de loco. En Cavalo Morto los locos tienen alas de mosca y vuelven a guardar en su caja las cerillas quemadas como si fuesen palabras rozadas por el resplandor de otro mundo. Otro mundo es el fondo de un vaso, un lugar donde lo recto tiene forma de herradura y hay una sola tarde forrada con tela de gabardina.
Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.
Un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo es un río que madruga para ir a fabricar el agua de las lágrimas, pequeñas mentiras de lluvia heridas por una púa de acacia. En Cavalo Morto los aviones atan con cintas de vapor el cielo como si las nubes fuesen un regalo de Navidad y los felices y los infelices suben directamente a los hipódromos eternos por la escalerilla del anillador de gaviotas.
Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.
Un poema de Lèdo Ivo es el amante de un reloj de sol que abandona de puntillas los hostales de la mañana siguiente. La mañana siguiente es lo que iban a decirse aquellos que nunca llegaron a encontrarse, los que aún así se amaron y salen del brazo con la brisa del anochecer a celebrar el cumpleaños de los árboles y escriben partituras con el timbre de las bicicletas.
Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.
Lèdo Ivo es una escuela llena de pinzones y un timonel que canta en el platillo de leche. Lèdo Ivo es un enfermero que venda las olas y enciende con su beso las bombillas de los barcos. En Cavalo Morto todas las cosas perfectas pertenecen a otro, como pertenece la tuerca de las estrellas marinas al saqueador de las cabezas sonámbulas y el cartero de las rosas del domingo a la coronita de luz de las empleadas domésticas.
Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.
En Cavalo Morto cuando muere un caballo se llama a Lèdo Ivo para que lo resucite, cuando muere un evangelista se llama a Lèdo Ivo para que lo resucite, cuando muere Lèdo Ivo llaman al sastre de las mariposas para que lo resucite. Háganme caso, los recuerdos hermosos son fugaces como las ardillas, cada amor que termina es un cementerio de abrazos y Cavalo Morto es un lugar que no existe.
Juan Carlos Mestre en La casa roja (Calambur Editorial, Madrid, 2008), incluido en Una lectura (Círculo de Bellas Artes, Madrid, 2007).
Un poema de Lèdo Ivo es una luciérnaga que busca una moneda perdida. Cada moneda perdida es una golondrina de espaldas posada sobre la luz de un pararrayos. Dentro de un pararrayos hay un bullicio de abejas prehistóricas alrededor de una sandía. En Cavalo Morto las sandías son mujeres semidormidas que tienen en medio del corazón el ruido de un manojo de llaves.
Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.
Lèdo Ivo es un hombre viejo que vive en Brasil y sale en las antologías con cara de loco. En Cavalo Morto los locos tienen alas de mosca y vuelven a guardar en su caja las cerillas quemadas como si fuesen palabras rozadas por el resplandor de otro mundo. Otro mundo es el fondo de un vaso, un lugar donde lo recto tiene forma de herradura y hay una sola tarde forrada con tela de gabardina.
Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.
Un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo es un río que madruga para ir a fabricar el agua de las lágrimas, pequeñas mentiras de lluvia heridas por una púa de acacia. En Cavalo Morto los aviones atan con cintas de vapor el cielo como si las nubes fuesen un regalo de Navidad y los felices y los infelices suben directamente a los hipódromos eternos por la escalerilla del anillador de gaviotas.
Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.
Un poema de Lèdo Ivo es el amante de un reloj de sol que abandona de puntillas los hostales de la mañana siguiente. La mañana siguiente es lo que iban a decirse aquellos que nunca llegaron a encontrarse, los que aún así se amaron y salen del brazo con la brisa del anochecer a celebrar el cumpleaños de los árboles y escriben partituras con el timbre de las bicicletas.
Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.
Lèdo Ivo es una escuela llena de pinzones y un timonel que canta en el platillo de leche. Lèdo Ivo es un enfermero que venda las olas y enciende con su beso las bombillas de los barcos. En Cavalo Morto todas las cosas perfectas pertenecen a otro, como pertenece la tuerca de las estrellas marinas al saqueador de las cabezas sonámbulas y el cartero de las rosas del domingo a la coronita de luz de las empleadas domésticas.
Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.
En Cavalo Morto cuando muere un caballo se llama a Lèdo Ivo para que lo resucite, cuando muere un evangelista se llama a Lèdo Ivo para que lo resucite, cuando muere Lèdo Ivo llaman al sastre de las mariposas para que lo resucite. Háganme caso, los recuerdos hermosos son fugaces como las ardillas, cada amor que termina es un cementerio de abrazos y Cavalo Morto es un lugar que no existe.
Juan Carlos Mestre en La casa roja (Calambur Editorial, Madrid, 2008), incluido en Una lectura (Círculo de Bellas Artes, Madrid, 2007).
domingo, 11 de noviembre de 2012
martes, 6 de noviembre de 2012
Agustín García Calvo, España, 1926
¡Cuántas cosas...!
¡Cuántas cosas tendría que deciros,
si supiera quién hay tras de la puerta,
si pudiera contar lo que despierta
cada vez que se duermen mis sentidos!
Pero ya no me queda entre los giros
de los pasillos de esta vida muerta,
más que un polvillo de memoria incierta,
que no sé si en un soplo transmitiros.
Puede que alguno de vosotros sienta,
al oír lo que digo, que esa cuenta
ya la ha oído él sonar antaño.
Y tal es verdad. Yo aquí en la boca
siento que lo más mío me es extraño
y que en mí la razón se vuelve loca.
viernes, 26 de octubre de 2012
miércoles, 24 de octubre de 2012
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