DIFERENTES ACCESOS A UN MISMO SITIO
Todos los interesados en la creatividad, vengamos de donde vengamos, llegamos
a un espacio común que se manifiesta sólo cuando la obra está acabada. Antes
de eso, el autor hace un recorrido personal donde las experiencias acumuladas,
incluso las sedimentadas por las preocupaciones ajenas a lo propiamente
artístico, dan forma a ese trabajo. El único modo preciso de entender o
interpretar lo que está formalizado sería recorrer el proceso que le ha dado
origen.
Un proyecto, realizado un año antes para un espacio concreto de un Centro de
Arte, se remuneraba con una cuidada publicación individual que, en mi caso,
abarcaba una amplia revisión de mi trabajo. Tras los consiguientes meses de
preparación, después de recopilar las imágenes, escribir los textos y maquetar la
publicación, el libro llegó a la imprenta. Prácticamente cuando el dedo del
impresor se dirigía al botón de la rotativa, alguien dio la orden de parar la
máquina. El responsable de la institución había sido destituido y se paralizaron
todos sus anteriores compromisos. Más tarde, la nueva dirección me notificó que
mi libro no se publicaría.
Además de estar al margen de cualquier ética profesional, este comportamiento
implica también que desde las instituciones artísticas se puede manifestar la
misma desconsideración hacia el trabajo del creador -y lo que es más grave,
hacia su tiempo- que desde ámbitos ajenos a esta práctica: el artista es un ente
etéreo, vive fuera de la realidad, no come, es prescindible. Por eso, la pretensión
de que todos pisamos el mismo espacio sólo por cruzarnos es exagerada, y de
que el camino que recorremos alrededor del arte es el mismo, inexacta.
sábado, 26 de octubre de 2013
viernes, 25 de octubre de 2013
domingo, 20 de octubre de 2013
Andréi Tarkovski, de su memoria de trabajo Esculpir en el tiempo.
"La
fórmula del <<esto no lo entiende el pueblo>> siempre me ha
indignado profundamente. ¿Qué se quiere conseguir con ello? ¿Quién se
toma el derecho de hablar en nombre del pueblo, de verse a sí mismo como
la encarnación de la mayoría del pueblo? (...) Si uno realmente aprecia
a su público, está plenamente convencido de que al menos es tan
inteligente como uno mismo. Ahora bien, para poder hablar con otro, al
menos hay que dominar un idioma común, comprensible a los dos
interlocutores. Goethe dijo en cierta ocasión que a uno sólo le dan
respuestas inteligentes cuando ha hecho una pregunta inteligente. Sólo
se llega a un diálogo verdadero entre el artista y su público cuando las
dos partes se mueven al mismo nivel de comprensión. O al menos tienen
que conocer a la perfección los objetivos que el artista se plantea en
su obra".
sábado, 19 de octubre de 2013
viernes, 11 de octubre de 2013
jueves, 10 de octubre de 2013
martes, 8 de octubre de 2013
Por qué no les gusta la cultura a los jóvenes - Rosa Olivares
Los chicos y chicas tontean entre ellos, se escabullen en cuanto pueden y consultan los teléfonos para ver si tienen un mensaje, hablan en voz bajita y ni miran las obras ni escuchan los comentarios del pobre profesor. Para ellos es solamente un día en el que no hay clase, les “sacan” de paseo. Raramente van a tener mayor beneficio. Lo mismo se puede decir de cuando “son llevados” a una obra de teatro o un concierto que, por lo menos y con buen criterio, se organiza sólo para jóvenes de diferentes colegios. Simplemente días libres de la rutina escolar, les da igual ir a El Prado que al Teatro Real, que al Museo del Ferrocarril. Lo mismo Schubert que Mozart que cualquier viejo de esos que no conocían el sintetizador. Nunca he entendido ese afán por sacarlos del colegio y obligarles a ir al museo (o al teatro, o al auditorio…) cuando no se les enseña a leer ni a escribir, quiero decir a contar algo a través de la escritura ni a entender lo que una serie de letras y palabras juntas significan. Ni que decir de que no tienen ni idea de nada que tenga que ver con cualquier música anterior a Los Ramones (y eso si sus padres fueron jóvenes alguna vez) o con un arte que no se pueda fijar en las paredes de la calle. Ni Velázquez, ni Goya, ni Manet, ni Picasso, ni Rothko, ni nadie. Ni historia, ni arte, ni literatura, nada de cultura no sea que les dé por pensar.
Cuando pasan los años y estos jóvenes u otros entran en un museo una mañana de domingo (día que es gratis en casi todo el mundo) con sus amigos, novia o incipiente familia, les vemos deambular perdidos por las salas, haciéndose fotos junto a las piezas, sin leer ni un solo cartel explicativo. El misterio es por qué han ido, el misterio es entender esas colas que se amontonaban en respetuosa fila delante de cada cuadro y dibujo de Remedios Varo la otra mañana en el Museo de Arte Moderno de México D.F. Tal vez sea inevitable, tal vez nuestras vidas forzosamente van a parar a un museo, tal vez a un concierto (si son gratis y en la calle, seguro). Pienso siempre en que esta situación se podría solucionar con un poco de inteligencia, con algo de interés por parte de los educadores, del sistema. Algo, al parecer, imposible.
Si no se les obligase de jóvenes tal vez no vieran la cultura como una obligación penosa. Si se reafirmase el papel de artistas y creadores, tal vez, respetarían y admirarían su trabajo, su actitud. Si supieran algo de la historia del arte, de la literatura… si se les animara a leer. Leer, ese es el núcleo. Es en los libros donde está la puerta de la imaginación, la entrada al mundo de libertad, a un lugar, a cualquier lugar mágico y maravilloso, es allí donde crece la curiosidad, y también, claro, donde se cultiva la libertad. Hace poco leía un estudio que culpaba al tipo de lectura obligatoria en los colegios de la creciente falta de interés y comprensión de los niños, de su dificultad y rechazo para leer. La causa sin duda era que “esos libros” no les gustan ni les interesan, por eso ni leen ni se esfuerzan por lo que cuentan. Si les dejaran más libertad para leer esos libros que los padres y enseñantes consideran peligrosos pero que son tan divertidos…. (y se hablaba de Roald Dhal, de Mark Twain…).
Si les dejáramos más libertad a los jóvenes, si confiáramos en que nuestro ejemplo o el entorno les orientaran hacia miles de libros, de artistas, de músicos fabulosos que en la historia han sido y son, tal vez entonces…. Pero eso sólo sucede en los libros. Por eso mientras haya un día gratis para acercarse al arte será no sólo insuficiente sino absurdo, absurdo que la entrada sea más reducida para jóvenes (no quieren ir ni gratis). Por obligación no queremos ni tomar la medicina que nos cura. Sólo tendríamos que recordar nuestra infancia y juventud, sólo tendríamos que pensar en el terrible futuro de analfabetos que estamos creando, de gente que no podrá nunca ser feliz ni por un soplo de tiempo, pues sin cultura no existe la felicidad.
miércoles, 18 de septiembre de 2013
domingo, 15 de septiembre de 2013
jueves, 12 de septiembre de 2013
miércoles, 11 de septiembre de 2013
lunes, 9 de septiembre de 2013
Hace unos meses visité la exposición On Painting (prácticas pictóricas actuales… más allá de la pintura o más acá) en el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) de las Palmas de Gran Canaria. Ahora, una versión más reducida se podrá ver en el CEART (Centro Tomás y Valiente) de Fuenlabrada (Madrid), hasta el 27 de octubre de 2013.
Comisariada por el director del CAAM Omar Pascual-Castillo,
la exposición original constituye una amplia investigación dentro del
campo de la pintura contemporánea con alrededor de 120 obras de unos 66
artistas, que, a decir del propio curador, dibuja “una cartografía de lo
que ha acontecido en los últimos 25 años en el terreno pictórico en
Latinoamérica” (a ello habría que añadirle para ser exactos una veintena
de artistas españoles, entre los cuales figuran, como es lógico,
artistas canarios). La exposición va acompañada de un soberbio catálogo,
de esos que ya sólo instituciones como la TATE o el MoMA publican -me
recuerda un poco la actual polémica acerca del futbolista Gareth Bale y
los 100 millones de euros, en el sentido de si en estos momentos ese
tipo de catálogo es apropiado, máxime teniendo en cuenta la situación
del mundo del arte en general, y de España en particular- con textos de,
además de la propia y amplísima introducción del curador, Barry Schwabsky, David Barro y el entre tanto fallecido Kevin Power.
Catálogo On Painting. Foto: Paco Barragán
La exhibición esta dividida en cuatro apartados: 1) Post-Hispanic
Narratives: Nueva narratividad en la Era de la Imagen o de cómo crear
una IMAGO MUNDI tras un pensamiento visual enciclopédico universalista 2) Amargo sabor, la náusea: el retorno de la Pintura Ácida 3) Splash Color and Materials (así en el original): nuevas experiencias abstractas y 4) Tutto Revoluto…: del Neobarroco a la Era de la Promiscuidad.
Omar Pascual-Castillo señala una vez más que “la pintura hoy desarrolla
su lingüística intrínseca a partir de cuatro síntomas esenciales, que
funcionan como sistemas pragmáticos más que como categorías estéticas”.
Entre la amplia nómina de artistas
representados en la exposición destacamos entre otros -y sin ánimo de
exhaustividad- a Raúl Cordero, Víctor Rodríguez, Simón Zabell, Hernan
Bas, Alexis Esquivel, José Lerma, Enrique Martínez Celaya, Abdul Vas,
Julio Galán, Ray Smith, José Bedia, Marlon de Azambuja, Flavio
Garciandía, Thomas Glassford, Federico Herrero, Vargas-Suárez Universal,
Pedro Barbeito, Fernanda Brunet, Edouard Duval-Carrié, Melvin Martínez,
Adriana Varejão, Laura González, Kehinde Wiley, Arturo Elizondo, Sandra
Gamarra, Guillermo Kuitca, Clemencia Labin, Francis Alÿs, Sofía
Maldonado, Manuel Ocampo, Luis Palmero, Carlos Salazar y Santiago
Ydáñez.
Las obras proceden de colecciones
privadas y públicas tanto de España como del extranjero. La muestra no
ha sido colgada de acuerdo a las secciones arriba mencionadas, sino que
las obras fueron diseminadas de manera heterogénea a lo largo de los
diferentes pisos y espacios del edificio, lo que no contribuía a una
clara comprehensión del concepto general de la muestra (es cierto que
unas etiquetas de colores indicaban a qué apartado pertenecía cada
obra).
La exposición es ambiciosa en concepto y
alcance. Encontramos en ella una serie de obras anteriores
primorosomante seleccionadas, en particular Catálogo 4 (Tríptico), de Francis Alÿs, de 1994; la enigmática Expenditure Series, KCAL: 237/FAT: 45%, de Raúl Cordero, del año 2003; la temprana Eclipse, de Luis Gordillo (1992); la excelente L’encyclopedie (Plano del piso de mármol de la iglesia de la Sorbonne), de Guillermo Kuitca fechada en el año 2002; y, finalmente, el aún impactante díptico Para eso habéis nacido
de Manuel Ocampo, realizado entre los años 1993 y 1994. Pero,
difícilmente, estos ejemplos representan el alcance de la exposición,
que según se argumenta son 25 años de pintura hispánica.
ENTRE LA FIGURACIÓN BLANDA Y EL NEO-BARROCO
En lo tocante a la pintura más
contemporánea, encontramos propuestas de una figuración “blanda”, como
sería el caso con la obra practicada por artistas como Dzine, Adriana
Varejão, Michel Pérez Pollo, Rómulo Celdrán, Jesús Zurita e Idaira del
Castillo, mientras que otras propuestas beben o revelan reminiscencias
de lo decorativo derivando hacia lo kitsch, entre ellas Fernanda Brunet,
Javier Garcerá, Melvín Martínez, Thomas Glassford y Arturo Herrera;
también hace acto de presencia un tercer grupo que podríamos llamar
“neo-barrocos”: Federico Herrero, Flavio Garciandía, Matías Sánchez,
Daniel Verbis y Kehinde Wiley.
Excepto por la atrevida y acertada
intervención en la fachada del museo de Vargas-Suárez Universal (al
igual que la feliz intervención en otra de las fachadas de Laura
González, a caballo entre la figuración y la abstracción), la
abstracción “hard-edge” brilla por su ausencia, mientras que en
Latinoamérica es y ha sido un importante enfoque pictórico (pensemos en
Carlos Cruz Diez y Jesús Soto, pero también en artistas más jóvenes como
Jaime Gili). Pero esto puede ser una mera cuestión de gustos.
Intervención del artista Vargas-Suárez Universal en la fachada del CAAM. Cortesía: CAAM
¿QUÉ ES LA PINTURA HOY?
Lo que es más preocupante de toda la
muestra es la falta de propuestas que verdaderamente “expandan” la
pintura hacia otros medios, y no sólo hacia la instalación (véase la
magnífica instalación de suelo de alfombras pintadas, listas para ser
pisoteadas, por el puertorriqueño José Lerma en torno a la pintura y su
representación), o la pintura mural -que sí está abundamente presente en
la exposición-, como sería el caso, pienso, con artistas como la
puertorriqueña Ivelisse Jiménez, por ejemplo. Y excepto por artistas
como Fabián Marcaccio y Pedro Barbeito, apenas hay obras en la
exposición que reflejen cómo la tecnología y los nuevos medios informan,
nutren y determinan el nuevo quehacer pictórico.
Todo se queda en unas gramáticas
conocidas y unos artistas que el comisario conoce bien. En este sentido,
apenas hay sorpresas. La mayor parte de los artistas en la exposición
utiliza una imaginería contemporánea, pero, al fin y al cabo, un
lenguaje que bebe del impresionismo, del expresionismo alemán, del
surrealismo, de la abstracción… Son lenguajes conocidos, que el mercado
reconoce, pero que pertenecen al final del siglo XIX y el comienzo del
siglo XX. ¿Dónde está la contemporaneidad de estas propuestas? ¿Qué
aportan al discurso pictórico?
Me resulta difícil pensar que en una
sociedad hiper-tecnológica y en la que los medios de masas y medios
sociales están más presentes que nunca en nuestras vidas, la manera de
recibir información –Facebook, Twitter…-, manipular información
–pensemos en escáners, cámaras fotográficas, iPads, etc.- y distribuir
información –por ejemplo YouTube- no afecte profundamente los modos de
“hacer pintura”. Los buenos pintores, sean Velázquez, Rembrandt, Goya o
Picasso, son hijos de su tiempo y son capaces de reflejarlo en su
quehacer pictórico. Porque, como bien dice Javier Panera, “la pintura
hoy día tiene menos que ver con la historia de la pintura que con la
historia de los medios”.
Y, no deberíamos olvidar, que son estas
inagotables tecnologías y procesos digitales los que han resituado
irónicamente la pintura en la avanzadilla de cuestionamientos críticos.
En este sentido, los artistas más interesantes desde mi punto de vista
–Barbeito, Marcaccio, Ackermann, Oehlen, Vargas Suárez-Universal,
Verlato, Ophuis…-, y que de manera más revolucionaria están trabajando
con el medio alumbran aquello que yo denomimé por el año 2004 la tecno-referencialidad:
un contexto donde la pintura se mide con su propia historia y sus mitos
al tiempo que maneja unos enfoques interdisciplinarios y digitales, y
donde la línea entre las disciplinas se difumina y el anhelo por la
autenticidad o fuente ya no importa.
¿Es On Painting un reflejo de
lo que ha sido la pintura en Latinoamérica en estos años? Tal vez, no lo
tengo claro. Lo que sí tengo claro es que la propuesta del comisario no
indaga en los retos de la pintura hoy: 1) por qué la pintura sigue
siendo urgente y 2) cómo sigue teniendo vigencia a pesar de que otros
medios más ágiles, como la fotografía o el vídeo, han usurpado muchas de
sus funciones.
Y estas son en mi opinión las preguntas a
las que deberíamos intentar dar respuesta cuando afrontamos una
investigación conceptual acerca de un medio tan antiguo y con tanta
carga histórica en un entorno tan frágil y cambiante.
¿La pintura? Regular, gracias.
El artista Marlon de Azambuja y su obra para exterior en la muestra On Painting. Cortesía: CAAM
Intervención de Sofía Maldonado, Drama tropical, 2013. Cortesía: CAAM
On Painting
CEART Fuenlabrada, España
Comisario: Omar Pascual-Castillo
Del 5 de septiembre al 27 de octubre de 2013
miércoles, 4 de septiembre de 2013
sábado, 31 de agosto de 2013
jueves, 29 de agosto de 2013
miércoles, 28 de agosto de 2013
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